31 julio 2006

Cerrado por vacaciones

Del 1 al 15 de agosto Cavernarius estará disfrutando de sus (in)merecidas vacaciones estivales. Ya sé que me dejo en el tintero la cuarta y última parte de las aventuras doctrinales de Jesús de Nazaret, y muchas otras cosas que están pasando en este momento, como nuestra nueva adquisición episcopal, el infame Munilla. Sin contar, por supuesto, con las hazañas de nuestros colaboradores habituales: los clericuervos Ratzinger, Rouco y Cañizares; entre los políticos, el miserable Acebes, el chulillo Zaplana, el deleznable Aznar, y el jefe provisional Rajoy; y no olvidándonos de "periodistas" como el opusdeísta Julio Ariza, el hediondo Federico Jiménez Losantos, y su compañera, la estúpidamente incorregible Cristina López Schlichting o el ególatra Pedro J. Ramírez.

No quiero dejar sin mencionar a los voluntariosos chicos y chicas de la web cristiano-fascista de HazteOír, cuya profunda estulticia nos ha proporcionado tantos momentos de jocosidad.

A la vuelta más. Que sea mejor, ya es otra cosa.


03 julio 2006

Ateos para Jesús (III)

Tercer artículo de esta serie sobre el valor más que dudoso de las enseñanzas de Jesús/Yeshu. En esta ocasión veremos el supuesto gusto de este personaje por la pobreza y la importancia que, dicen, le daba a la familia.


El mito de una religión por y para los pobres

No encontraremos en los libros sagrados cristianos muchas afirmaciones de Yeshu que nos lleven a pensar que tuviera mucha predilección por los pobres. Aparte de una mención a los pobres de espíritu en el sermón de la montaña (Mateo 5, 3) y de aisladas referencias a que la "buena noticia" se comunica también a los pobres (Mateo 11, 5; Lucas 4, 18), no hay ni una sola indicación de que Yeshu diera limosnas, alimentara a los mendigos, o ayudara a los necesitados. Nada de nada. Vemos de nuevo que su práctica no se correspondía con lo que predicaba.

Sin embargo, sí que parece que albergaba cierto resquemor hacia los potentados: dijo que más difícil sería que un rico entre en "su reino" a que un camello pase por el ojo de una aguja (Mateo 19, 24; Marcos 10, 25; Lucas 18, 25). Y a un joven que busca su consejo, le recomienda que venda todos sus bienes y entregue el dinero a los pobres (Mateo 19, 21; Marcos 10, 21; Lucas 18, 22). ¡Menuda debacle económica que quería propiciar este tío! Porque, veamos, si todos los seguidores de Yeshu vendieran sus bienes y entregaran su dinero a los pobres, aquéllos se harían pobres, y los que antes eran pobres se harían ricos. Y si los nuevos ricos también se hicieran cristianos, tendrían a su vez que vender todos sus bienes y entregarles el dinero a los que antes eran ricos pero ahora pobres, que volverían a hacerse ricos, mientras que los que eran pobres al principio, tras su fugaz paso por la riqueza, se convierten nuevamente en pobres. Y así ad nauseam. ¡Qué lío!

En fin, de nuevo parece que Yeshu no se paraba a pensar en las consecuencias que podrían tener sus asnadas. Sin embargo sus seguidores, en todo más inteligentes que él, han ignorado sistemáticamente este mandato suyo. La secta católica es, por sí o mediante empresas interpuestas, la multinacional más próspera del planeta. Los grupúsculos sectarios como el Opus dei o los legionarios de cristo tienen colocados peones en puestos de alta dirección de casi una cuarta parte de las grandes empresas españolas. No parece, pues, que tengan la misma alergia al dinero que, supuestamente, tenía Yeshu.

Digo supuestamente, porque si bien es cierto que de boquilla atacó la riqueza, en la práctica le gustaba vivir bien: acudía a los banquetes que se ofrecían en su honor (Mateo 9, 10; Lucas 5, 29), hasta el punto de que se decía de él que era un glotón y un borrachín (Mateo 11, 19; Lucas 7, 34), no tenía inconveniente en que le deleitaran con perfumes carísimos (Marcos 14, 3; Lucas 7, 37; Juan 12, 3) y algunos de sus mejores amigos eran ricos (Mateo 27, 57; Marcos 15, 43), aunque no nos consta si a ellos también les pidió que abandonaran sus riquezas como condición previa para concederles su amistad.

En fin, vemos que este desprecio de la riqueza terrenal es otra de las hipocresías de la superstición cristiana y una necedad más de su fundador.


El mito de los "valores familiares"

Ahora está de moda que la derecha cristiana apele a la defensa de la familia, que en los Estados Unidos y otros lugares angloparlantes se encarna en una serie de "family values" (valores familiares) de difícil o imposible precisión, pero que se esgrimen una y otra vez como estandarte de batalla en la lucha contra todo lo que no pase por el aro de la estulticia cristiana.

Lo cierto es que los jerarcas de la secta católica escriben páginas y más páginas llenas de laudos a la institución familiar; mejor dicho, a lo que ellos creen que debería ser la única institución familiar: la del hombre y la mujer que pasan por la vicaría, previo noviazgo virginal, se mantienen unidos de por vida, ponen su instinto de reproducción al servicio de los intereses particulares de crecimiento numérico y expansión de la secta católica y de la economía de mercado, y adoctrinan a su prole con las imbecilidades del catecismo. Esta es la familia que se acomoda perfectamente a los family values y cuyas dudosas "bondades" van a ser pregonadas en el autodenominado "encuentro mundial de las familias" que clausurará Ratzinger en Valencia. El hombre convertido en bestia reproductora para mantener el negocio de sus amos con sotana.

Por supuesto, para que el engaño sea completo hace falta alguna referencia más o menos idealizada, que encontraremos en la "sagrada familia", es decir, la familia de Yeshu ben Pantera. No importa que la madre fuera una adúltera: ellos la convierten en virgen. Tampoco es relevante que Yosef/José fuera un cornudo: pasa a ser modelo de castidad viril. En cuanto a los hermanastros de Yeshu, se les transforma en primos. Y al protagonista, en vez de hijo ilegítimo de un legionario romano, se le hace hijo unigénito de un dios judío. Una familia desestructurada que, a fuer de mentiras y falsificaciones, se convierte en el modelo de todas las familias: en la familia pluscuamperfecta. De todo ello hablé en su momento aquí, aquí y aquí, así que no me repetiré.

¿Pero qué pensaba Yeshu de la familia? ¿Qué predicó él al respecto? Citemos sus propias palabras y preparémonos para un viaje a la demencia de sus ideas:

Otro de sus discípulos le dijo: señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. Jesús le dijo: sígueme, deja que los muertos entierren a sus muertos. (Mateo 8, 21-22)


Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar. Y le dijo uno: he aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar. Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? (Mateo 12, 45-48, pero también Marcos 3, 31-34 y Lucas 8, 19-21)


Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. (Marcos 10, 29-30)


Esto último es especialmente hilarante: si abandonamos a nuestra madre para seguir las bobadas de Yeshu, recibiremos cien veces más madres en el otro mundo. Creo que no es necesario que haga ningún comentario al respecto.