13 enero 2009

Autobuses "ateos"...

Parece que la campaña publicitaria de la Unión de Ateos y Librepensadores de España (UAL), federación a la que pertenecen Ateus de Catalunya y la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores, está siendo polémica. Incluso entre los propios ateos hay opiniones para todos los gustos. ¿Qué puedo decir al respecto?

En primer lugar, habría que plantear si se puede hacer proselitismo del pensamiento ateo. En cuanto a esto, hay que decir que muchos hemos constatado cómo fracasan las armas dialécticas cuando tratamos de entablar diálogo con los creyentes. Existe, por así decir, una defensa mental que utilizan las personas religiosas para "blindar" sus creencias frente a cualquier evidencia racional de que éstas son falsas. Las pruebas y los argumentos en contra de la creencia son reelaborados, distorsionados y revertidos mentalmente por los fieles de las distintas religiones, de modo que siempre encuentran algún tipo de acomodo que permita eliminar la disonancia cognitiva que les producen, pero sin poner en cuestión lo fundamental del dogma que tienen aprendido. La psicopatología religiosa (porque esto es un enfermedad del pensamiento muy cercana a la esquizofrenia) no se cura con argumentos. Y, mucho menos, con un eslógan facilón en un autobús.

Lo que nos lleva, en segundo lugar, a analizar el mensaje en sí mismo:


PROBABLEMENTE DIOS NO EXISTE
DEJA DE PREOCUPARTE Y DISFRUTA LA VIDA


Lo primero que llama la atención es ese "probablemente". ¿Acaso es publicidad agnóstica? Pues en principio lo parece: el adverbio es tan insultante para un ateo como para un creyente, y sólo convence a los tibios miembros de la British Humanist Association, autora del lema. Por otra parte, resulta extraño que mencionen "dios" en singular, como dando a entender que sólo hubiera uno, o que sólo hay que tomarse en serio a los monoteísmos. No, miren, dioses hay muchos, tantos como la imaginación humana ha sido capaz de concebir (dicho sea con permiso del sumo pontífice Gustavo Bueno y de los inquisidores de su nueva secta plus-quam-athea). Y todos esos dioses son igual de inexistentes (sin matices probabilísticos) e igual de perniciosos.

La segunda frase trae miga: "deja de preocuparte". Pero, oigan, si "dios" no existe, ¿cómo no va a preocuparme que haya tanto mamarracho que cree en él? Y lo peor no es que esos creyentes sean unos descerebrados, sino que hay muchos y, para colmo, tratan de llevarte a su rebaño: doble o triple motivo de preocupación. Y así, claro está, no hay quien pueda tomarse en serio lo de "y disfruta de la vida".

Ratzinger y su gang de filopederastas episcopales se deben estar frotando las manos ante un motivo publicitario tan tonto. Viene a confirmar sus diatribas contra el nihilismo inherente al ateísmo, a la ausencia de valores, al hedonismo egoísta, etc. Vamos a ver: disfrutar de la vida está muy bien y es algo muy recomendable. Pero muchos creyentes también lo hacen, algunos incluso disfrutan más cuando les hacen la puñeta a los que no siguen sus doctrinas. Y estaremos de acuerdo en que es mucho mejor que ese tipo de gente deje de disfrutar de la vida cuanto antes, ¿no?

La tercera de nuestras consideraciones es la referente a la necesidad de la campaña en sí misma, más allá de la escasa o nula utilidad proselitista o reflexiva que pueda tener. Y aquí es donde yo sí le veo cierto sentido, porque en España parece que sólo tienen boca la secta criminal-católica y las sectillas guarrangélicas de turno. Si no tuviéramos que soportar casi a diario los rebuznos de los defensores de la fe, probablemente el movimiento ateo seguiría oculto en la plácida y cómoda sombra. Pero se ha llegado a un punto en que es necesario manifestarse de alguna manera, dejarse ver, hacerse oír. Quizá las formas no han sido las más adecuadas, pero desde luego ha conseguido el objetivo de salir a la palestra pública. ¡Aquí también hay ateos!

Y, así, nos encontramos con las mofas de las pazguatas más reprimidas de la geografía ibérica, con la estulta paranoia de los perdedores de siempre, con la mala baba de los eunucos vaticanos (carnavalada son los mierderos rituales eucarísticos y patéticas procesiones semanasanteras que vosotras montáis, queridas), los lamentos de los insignificantes protestontos patrios (mucho ruido y pocos fieles), etc. Algunos, en su odio hacia la libertad de conciencia, han llegado al absurdo de proclamar "ilegal" la campaña de UAL: que estos payasos de psiquiátrico se miren bien la Ley Orgánica de Libertad Religiosa, porque si hacer apología del ateísmo es ilegal, con mucha más razón lo sería la publicidad supersticiosa en centros públicos que ellos defienden con tanta vehemencia. Otros, en su falta de imaginación y su rencor revanchista (¿dónde quedó aquella sandez del poner la otra mejilla?), han copiado la idea y han sacado sus propios eslóganes, a cual más insulso. Lemas que, por tontos y vacíos de todo sentido, no me voy a detener en comentar aquí.

Lo de los autobuses ateos ha dado incluso para que algunos estreñidos quieran dar la nota con una pretendida "objeción de conciencia" para no ponerse al volante de los que lleven esa publicidad. Me vienen a la cabeza los carteles anunciando la "gran vigilia de la inmaculada" que se ponen en estaciones de metro y en las ventanas de los autobuses municipales. Y luego están los fascistas declarados, los hijos y nietos de los asesinos franquistas, que aprovechan cualquier ocasión para montar bronca. España es así.

En fin, no me entretengo más. Quien quiera leer dos buenas reflexiones sobre el tema, puede hacerlo aquí y aquí. Lo demás, creo, está todo dicho.

En el próximo artículo hablaré de un tema mucho más importante, inspirado por otros acontecimientos recientes y también por la lectura de "The end of faith", de Sam Harris. ¿Cuándo será? Más tarde que pronto, eso seguro.