08 diciembre 2005

Un buen y devoto católico

El imperio de los turcos otomanos pasó por Europa central y oriental como un huracán. Arrasó pueblos y culturas, engulló etnias milenarias y provocó el traslado de poblaciones de unas tierras a otras más lejanas. Algunos de estos exiliados eran serbios que, huyendo de la tiranía turca, se pusieron en el siglo XVII bajo la protección de la poderosa dinastía austríaca de los Habsburgo. Éstos, aunque católicos, permitieron el asentamiento de los emigrantes serbios ortodoxos en un área semidespoblada del antiguo reino de Croacia, que se convirtió en una frontera militar austro-húngara: la Vojna Krajina. Los serbios, por su parte, fueron leales a los Habsburgo en la defensa de aquel territorio contra los turcos.

Más de trescientos años después, la desintegración de Yugoslavia causó una feroz guerra, y un general croata, en realidad un mercenario ascendido por la cantidad y calidad de su salvajismo, Ante Gotovina, creyó llegado el momento de poner fin a la presencia serbia en Krajina. Por esta causa ordenó el asesinato de varios centenares de civiles y deportó después al resto de la población. Así, pensó él, Croacia sería étnica y religiosamente pura y homogénea, es decir, croata y católica.

Pero ocurre que todas las guerras terminan, y que los que se comportan en ellas como bestias tienen tarde o temprano que rendir cuentas de sus delitos. Así, el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia reclamó a Croacia la entrega de Gotovina, pero Croacia se abstuvo de perseguirle y el espadón escapó. ¿Dónde? ¡Ah, misterio! Se pensó entonces que, debido al aprecio de los clérigos católicos croatas por su laureado genocida, éste había encontrado refugio en un monasterio franciscano. La fiscal del TPIY, Carla del Ponte, sospechó que el Estado vaticano ocultaba y protegía a este asesino, y pidió al entonces jefe supremo de la secta, Karol Wojtyla, que colaborara con su búsqueda. Hoy, por fin, este tipejo ha sido hallado, nada menos que en las Islas Canarias, y será puesto a disposición de la Justicia internacional.


La de arriba no es una fotografía manipulada: Gotovina besa la mano de Wojtyla. Había servido bien a la secta echando de Krajina a los infieles, y por ello se hizo merecedor de los favores del Estado vaticano. Esta imagen recuerda a aquella otra en que el mismo Wojtyla compadrea alegre con Pinochet, quizá en agradecimiento por haber librado a Chile de tanto rojo y ateo. Y aún se atreven a levantarle monumentos... Se los erigen quienes se alegraron, quienes gozaron y quienes entraron en éxtasis con toda esta complicidad.

Breve: Hoy dice Ratzinger que "el hombre no se fía de dios". No es que no nos fiemos de dios, que no existe y por tanto no puede ser objeto de fianza; es que no nos fiamos de los que predican a los dioses, mesías, profetas, "vírgenes" parturientas y demás mitologías absurdas. Que ya son muchos siglos de mentiras, Ratzinger. Tú sigue defendiendo la religión obligatoria en las escuelas, porque ya sólo podéis engañar a los niños y a los ignorantes.

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