16 noviembre 2005

Los dineros de la secta y las mentirijillas de su portavoz, Juan Antonio Martínez Camino

Este jesuita miope, de cara de esfinge, voz blanda y alma retorcida, no se amedrenta a la hora de seguir el camino marcado por Rouco, el gran mentiroso-cardenal, y lleva un tiempo jugando al despiste con sus medias verdades y enteros embustes.



Primero fue que no hubo negociación con el Gobierno a cuenta de la LOE. Después nos enteramos de que sí que había habido negociación, y que incluso el propio Martínez Camino participó en ella. Hasta cuatro reuniones de alto nivel, según parece. Para salir del paso, este portavoz-engañador de la Conferencia Episcopal afirma que no se pueden llamar a los anteriores encuentros "negociación", puesto que no se llegó a ningún acuerdo. Desconozco qué léxico utilizará este individuo, pero yo a una negociación, aunque sea infructuosa, la sigo llamando negociación. Debe ser que el diccionario vaticano no contempla tal posibilidad. No que la negociación sea infructuosa, por supuesto, sino que lo sea para la secta católica. Si lo es para los demás, carece de importancia.

Pero la nueva mentirijilla de Martínez Camino, que me lleva a acordarme aquí de su parentela (viva o difunta), es la que ha soltado hoy: "la financiación de la iglesia no es una concesión graciosa del Gobierno, sino que es algo acordado que se basa en la asignación libre y voluntaria de aquellos ciudadanos que quieren aportar a la iglesia católica detrayendo de su declaración personal de la Renta."

Vamos a suponer que esta vez no ha mentido, sino que estas declaraciones suyas son sólo la señal de un incipiente mal de Alzheimer. Nuestro "hermano" Martínez Camino parece olvidar que sólo el 33,46% de los contribuyentes españoles marcaron el año pasado la casilla para destinar su aportación a la secta católica. Como esta cifra viene resultando insuficiente para dar de comer a tanto clérigo, el Estado (vía ingreso a cuenta a principios de cada año), suple con una cantidad variable adicional, que en el 2004 fue de 35 millones de euros, unos 5.800 millones de las antiguas pesetas. Sólo en los últimos diez años, este exceso de financiación le ha supuesto a la secta unos beneficios de 240 millones de euros (40.000 millones de pesetas). Ahí es nada.

¡Qué despiste el de Martínez Camino! Por supuesto, es probable que recuerde este detalle y en los próximos días rectifique. Aunque conociendo las rectificaciones de este hombre, probablemente dirá que "la inmensa mayoría" o "una parte muy significativa" de las aportaciones del Estado no son una concesión graciosa por parte del mismo.

Pero a nuestro pregonero jesuita se le olvidan otros detalles igualmente importantes. Por ejemplo, que la secta está exenta de pagar el IVA, que tampoco tributa por Transmisiones Patrimoniales, Sucesiones y Donaciones, o que sus instalaciones están exentas del Impuesto de Bienes Inmuebles. Nada de aplicarles el Impuesto sobre el Patrimonio, por supuesto, y mucho menos el Impuesto de Sociedades, que ellos son una sociedad, pero una "sociedad perfecta", como les reconocía el concordato firmado con Franco en 1953. En fin.

De modo que los católicos seguirán destinando una parte de sus impuestos a financiar a su secta, de la que sólo quieren "disfrutar" ellos, mientras que todos los demás (el 66,54% restante), seguiremos pagando los "otros fines de interés social" cuyos servicios disfrutamos todos, tanto católicos como no católicos. ¿No es una situación injusta? Lo es, pero con la secta y sus dineros nos hemos topado. Y también con un Gobierno que no escarmienta pese a todas las zancadillas episcopales que ha tenido que aguantar. Un Gobierno que no le echa lo que le tiene que echar para acabar con esta sangría antisocial e insolidaria.

Así no hay manera. Así tendremos mentirijillas de Martínez Camino para rato.

La noticia, aquí.

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