11 enero 2007

Llamamiento a la objeción de conciencia

He descubierto la web que han montado los cristiano-fascistas para difundir la objeción de conciencia contra la "Educación para la Ciudadanía", asignatura que va a impartirse próximamente en el currículo escolar español. No diré que lo que está haciendo esta gentuza es un presunto delito de incitación a la sedición, contemplado en el art. 545 del Código Penal, ni tampoco recordaré que el derecho a la educación, que con tanto ardor parecen ahora defender, asiste a los alumnos, no a los padres de alumnos. Tampoco me meteré en la defensa de la "educación en libertad", otro término con el que se les llena la boca, y a la paradoja de la existencia de preceptores y directores espirituales en los colegios del opus dei y de los legionarios/pederastas (presuntos) de cristo, encargados del adoctrinamiento de esos pobres niños en la imbecilidad cristiana.

Al contrario, yo entiendo que la "libertad religiosa" tiene que ir mucho más allá de la rebeldía a una ley impulsada por el Gobierno socialista, y que debe hacerse extensiva a todos los ámbitos de la vida cotidiana. Al fin de cuentas, los "sentimientos religiosos" de los ciudadanos están especialmente protegidos por la Constitución y por el propio Código Penal. Es de esperar, por tanto, que quienes gocen de tales sentimientos sean más coherentes con ellos y los cumplan con la misma escrupulosidad con la que nos exigen a los demás su respeto.

Por poner un ejemplo, dice uno de los apóstoles cristianos (Yacob, el hermanastro del falsario galileo Yeshu) en una supuesta carta suya que:

¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la iglesia y oren sobre él, ungiéndole con aceite en el nombre del señor. Y la oración de fe sanará al enfermo, y el señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. (Santiago 5, 14-15)

Un remedio infalible el de este apóstol contra todo tipo de enfermedad: la panacea universal en versión aceitosa. Con semejantes medios sobrenaturales, los cristianos no necesitan colapsar el sistema público de salud al tiempo que se aseguran el perdón de los pecados. Además, así los curas se ganarían con algún merecimiento el dinero que el Estado les paga por el simple hecho de ser unos holgazanes.

Puede argumentarse, no obstante, que no todos los cristianos (o que no todos los curas) tienen la fe suficiente como para que la receta magistral de Yacob pueda surtir sus efectos. Bien, en ese caso recuerden las palabras del esquizoide Shaúl de Tarso:

Pero sin fe es imposible agradar a dios, porque es necesario que el que se acerca a dios crea que él existe y que recompensa a los que lo buscan. (Hebreos 11, 6)


Y, si no se agrada a "dios", ¿para qué vivir? ¿Para qué querer curarse de la enfermedad? Escuchemos esta vez a Yeshu ben Pantera:

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? (Mateo 16, 25-26)


Por tanto, hago un llamamiento a todo el personal sanitario para que no atienda a pacientes que profesen la religión cristiana, pues éstos ya tienen sus propios remedios, a los que necesariamente deben ajustarse si quieren salvar tanto su cuerpo como su alma. Y como la finalidad última de sus sentimientos religiosos, tan constitucional y legalmente protegidos, es esa misma salvación del alma, en conciencia deben hacer que recurran a sus hechizos para que así ejerzan con más plenitud y coherencia su libertad religiosa.

¿Objeción de conciencia? Por supuesto, pero para todos y para todo, no solamente para lo que a los curas y sus desquiciados seguidores les salga de la napia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¿Objeción de conciencia? Pero, ¿estos señores se han leído el temario de la asignatura en cuestión? ¡No sé qué se le puede objetar! Se podría objetar la de ciencias naturales, por aquello de la teoría de la evolución, o física, pero precisamente esta...