18 septiembre 2006

Que se maten entre ellos

Menuda la que se ha armado porque el jefe supremo de la secta católica, ha citado unas palabras de un emperador bizantino del siglo XIV en el que se dicen cuatro verdades acerca de ese gran sinvergüenza que fue el mercachifle árabe Abul Qasim (alias "Mahoma"). Es curioso cómo los clérigos, ya sean católicos, chiítas o budistas, sólo atinan a decir la verdad cuando critican una religión que no es la suya propia. Pero es difícil no acertar criticando una religión: casi todo lo malo que se pueda decir sobre ellas termina siendo cierto.

En el caso del islam, la más reciente, más brutal y más estúpida de todas las grandes supersticiones, siguen plenamente vigentes hoy en día las palabras de aquel monarca medieval al que aludía Ratzinger:

"Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba."


Esto era verdad en el siglo XIV y sigue siendo cierto en el siglo XXI. En todo lugar de este planeta donde el islam es mayoritario, ha llegado a serlo por medio de la conquista y la imposición violenta. "No hay coacción en religión", alegan los musulmanes que está escrito en su libro "sagrado"; pero los hechos son elocuentes. Para ellos, los no musulmanes somos el enemigo al que hay que dominar y convertir a su religión o, directamente, exterminar:

Matadles donde deis con ellos, y expulsadles de donde os hayan expulsado. Tentar es más grave que matar. No combatáis contra ellos junto a la mezquita sagrada, a no ser que os ataquen allí. Así que, si combaten contra vosotros, matadles: ésa es la retribución de los infieles. (Corán: sura 2, aleya 191)


Y, por si había alguna duda, repite:

¡Combatid contra quienes, habiendo recibido la escritura, no creen en Alá ni en el último día, ni prohíben lo que Alá y su enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, paguen el tributo directamente! (Corán: sura 9, aleya 29)


Pero estas palabras no expresan debidamente todo el terror que los talibanes sembraron en el nombre del "enviado de Alá", o los crímenes que los clérigos iraníes todavía practican. ¿Y acaso voy a olvidarme de ese firme aliado de los Estados Unidos que es Arabia Saudí, cuyo anterior monarca veraneaba en la Costa del Sol, para vergüenza de muchos españoles?

El islam es así: una religión que incita a la violencia, a la explotación del hombre por el hombre, a la anulación de la mujer, al exterminio de las minorías religiosas o sexuales, etc. ¿Por qué? Pues porque ya su fundador, el estafador Mahoma, no era precisamente un modelo de virtud: asaltó caravanas como un bandolero, rompió tratados de paz, se casó con una niña, poseía esclavos... léase cualquier biografía sobre este curioso personaje.

Ante una realidad tan cruda, es normal que los musulmanes no ahorren medios para acallar cualquier crítica, por pequeña que sea. Hace sólo unos días, unos imanes sudaneses ordenaron la decapitación de un periodista por decir que el padre de Mahoma no se llamaba Abdalá ("siervo de Alá") sino Abdallat ("siervo de la diosa Allat"), cuando es perfectamente sabido que esta diosa era adorada en La Meca, precisamente por el clan de Mahoma, mucho antes de que éste se inventara el nombre de Alá (allah, que probablemente venga de al-ilah: "el dios"). Pese a toda esta lógica aplastante, el periodista fue asesinado.

Pero, un momento, ¿de qué religión estoy hablando? ¿Sólo del islam pueden decirse esas cosas? Por supuesto que no: el cristianismo comparte el mismo pasado criminal. Lo que ocurre es que hemos quitado a los clérigos cristianos el poder que todavía retienen en el mundo árabe los clérigos musulmanes. Sin el poder, sin medios para coaccionar, las religiones se desinflan y las sociedades se hacen verdaderamente libres. Este es el gran secreto que hemos aprendido en Occidente.

Pero volvamos a Ratzinger y la morisma revuelta. Parece ser que, en una de sus fintas dialécticas, el jefe supremo de los católicos ha evitado disculparse y lo único que ha lamentado ha sido la "reacción musulmana". Luego pasa lo que pasa, que los muslimes se ponen aún más histéricos y amenazan con extender su rabia contra todo Occidente.

¿A quién beneficia todo esto? A los payasos que creen que sus dioses existen y deben prevalecer sobre los de los demás. Los musulmanes, que llevan siglos de retraso intelectual, se dejan provocar por las patochadas de un cristianismo fundamentalista que intenta (hasta ahora sin éxito) reconquistar la secularizada Europa. Quizá piensen Ratzinger, Sarkozy, Berlusconi, los neocón y los teocón que, provocando una guerra santa contra el multisecular enemigo moro, volveremos todos a llenar las iglesias con fervor religioso-patriótico, unidos todos contra la nueva amenaza global.

Pues, por lo que a mí respecta, mataos entre vosotros, imbéciles fanáticos de Alá o de Jesús. Degollaos unos a otros hasta que no quedéis ninguno, pero dejadnos en paz a los que no nos creemos vuestras necedades.

16 comentarios:

Mikimoss dijo...

Me parece bastante miope tu comentario. Si tantos musulmanes se muestran tan susceptibles a las críticas vertidas hacia su profeta es porque consideran ese desprecio como una humillación más que se suma a las inflingidas por el Occidente colonizador, ocupador, saqueador y asesino que encima se aroga una superioridad moral y religiosa de la que carece (revísese la sangrienta historia europea y su relación con la cruz).

Pensemos que aquí en España, hasta hace 30 años, se inculcaba a la población el odio hacia el "contubernio" extranjero y se los mantenía convenientemente avisados de que eran los conspiradores judeo-masónicos bolcheviques los que perjeñaban todos los males que sufrian los siervos de Franco. Manipular a una sociedad no democrática, donde existe escasa o nula libertad de prensa, para concentrar su atención maniqueamente hacia un pelele construido con el propósito de escamotear las responsabilidades de sus tiranos, es facilísimo. Porque sé esto, porque todos deberíamos recordarlo, no entiendo como nosotros, escaldados por nuestra atroz Historia, caemos en esa lógica irracional alimentando el maniqueismo y echando más leña al fuego del enfrentamiento entre civilizaciones.

A veces quiero pensar que se trata de amenesia, pero otras me vence el pesimismo y concluyo que lo hacemos a propósito, porque no sabemos hacer otra cosa que vivir encastillados destruyendo todos los puentes que desde nuestra posición de privilegio económico, militar y ético estamos capacitados para habilitar con aquellos que no nos llevan a lo sumo más que unos siglos de retraso (¡en cientos de miles de años de humanización!) y en gran medida por responsabilidad nuestra.

Por cierto que eres algo deshonesto interpretando citas del Corán. La primera de ellas deja bien claro que lo que se legitima es la defensa al atacado (expulsadles de donde os hayan expulsado), y en la segunda de ellas se prescribe la imposición de tributos a los infieles (los que no creen en el dios semítico), no su exterminio.

Saludos

Cavernarius dijo...

Mikimoss:

Has debido leer muy deprisa el post, porque te has saltado dos párrafos que contestan tu comentario.

Uno empieza con "Pero, un momento, ¿de qué religión estoy hablando?"

Y el segundo: "¿A quién beneficia todo esto?"

En cuanto a mi deshonestidad citando el Corán, creo que, como mucho, podrás criticarme no haber elegido otras aún más expresivas de las muchas que hay. Puedes leer algunas de ellas aquí:

http://bloc.balearweb.net/post/603/15295

De todas formas, gracias por tu comentario.

Al-Duende dijo...

Haciendo política ficción, cavernarius, la cuestión estriba en una alianza judeo-católica-neocon para poner freno al irresistible incremento del Islam en el mundo. Ahí sí me preocupan las provocaciones de Nazinger. La retirada de Israel del Líbano ha pasado como de puntillas, y sin embargo es uno de los acontecimientos más importantes de las guerras de posición que mantienen los lazos religioso-culturales en Oriente Medio. Para el poderoso siempre es fácil atizar el fuego, y más cuando tiene miedo. Un conocido mío dice que Europa está podrida y decadente, y con ella todo Occidente, y que Hizbolá dominará el mundo. Sin llegar a una afirmación tan tajante, sí se puede intuir que tras las desafortunadas palabras de Benedicto hay una mano política intereseda en sembrar la discordia y legitimar intervenciones militares. No tengo pruebas, claro, pero ya avisé de que era política ficción...

neuron dijo...

"que se maten unos a otros".
Pero no seas bruto, Cavernarius, que se pueden matar unos a otros delante de tu casa, dentro de ella, debajo de tu cama. ¿qué quieres, enviarnos a todos a la caverna?; si a ti te gusta vivir bien.

Friedrich se volvió loco, porque dando el diagnóstico a la enfermedad de la sociedad, que es la moral, no supo atinar a construir una Sociedad Civil, y ésta solamente se puede forjar con la Ley, es decir con la norma moral.

Lo que hay que hacer es atinar con la norma que nos queremos dar.
Una que persiga con la cárcel el fundamentalismo bíblico-coránico no sería mediocre.

Cavernarius dijo...

Al-Duende:
No sé si será ficción o directamente irá a la historia, pero parece cierto que hay gente interesada en que copiemos el modelo teocrático americano "in god we trust". Los moros blandiendo amenazas de muerte y destrucción son para ellos una ayuda incalculable.

Neuron:
Lee el artículo hasta el final: "dejadnos en paz a los que no nos creemos vuestras necedades". Por otro lado, el problema no es el corán o la biblia, ni tampoco la interpretación fundamentalista de ambos. ¿Crees que sí? En absoluto: si a un fanático religioso le quitas su libro sagrado, su enferma personalidad le obligará a buscarse otro y, si no lo halla, inventará uno nuevo. El problema, pues, es esa tipología de personas: auténticos enfermos, a los que, en vez de aislar de la sociedad, se les dan púlpitos y minaretes.

Sobre dejar que se maten entre ellos, solución ideal que realmente acabaría con gran parte de los problemas de este mundo, lee las últimas declaraciones de ese mequetrefe del cardenal Cañizares:

http://www.periodistadigital.com/religion/object.php?o=456569

Que se vaya él con su clero a conquistar la Kaaba, si eso es lo que quiere. Pero que no vuelva por aquí.

El Primo Ralsa dijo...

Me fascina y preocupa ese ciego posicionamiento de autocrítica a occidente ya cercano al fanatismo con el que algunos parecen ignorar, excusar y hasta justificar los desmanes del Islam con tal de alimentar su postura. No se puede, en efecto, hacer crítica sectaria aislada al Islam sin mirar la viga en el propio ojo, pero tampoco parece ni racional ni progresista pasar toda crítica al Islam por conspiración occidental malvada pintando a las sociedades islámicas como inocentes víctimas basándose sobre todo en la autoculpa del pasado colonial. Pues pasado colonial (y pretensiones de presente y futuro) lo tiene largo y denso el Islam, y hasta el siglo XX, con lo que, por favor, no enmascaremos, por parcializar, realidades para justificar un ideario.
El resultado de lo que digo siempre es el mismo: si criticas a occidente eres un progre de la h**tia, pero si criticas al islam eres un occidental miope o un retro xenófobo del carajo.
Es triste cómo cuesta ser objetivo. El problema es que en occidente, con todo lo malos y colonialistas que fuimos y somos, somos los únicos que tiran contra su propio tejado. Ellos, los teístas del Islam, nos tiran las piedras directamente al nuestro y se vanaglorian de su actitud mientras algunso por aquí se la excusan.
Hasta el extremo de que para protestar porque en un discurso se les asociea con actitudes violentas van y queman algunas iglesias y amenazan de muerte al Papa.
Demencial.

Barón d'Holbach dijo...

Cavernarius, hijo mío, luz de la razón, como siempre has vuelto a acertar de pleno en la diana metafísica. Tan abundante y superficial reflexión ubicua habemus en la actualidad con este asunto tan revuelto, y tan desacertada, claro, tanto por parte de cierta siniestra convulsiva que parece no poder arrancarse de la piel el estigma teológico heredado de sus mayores (cual epígonos del iluminado Müntzer, o de algunos más modernos curas liberales), como -por supuesto- por el lado de los "atei devoti", acostumbrados a llevar su estulticia a extremos tan delirantes como el de reducir todo este complejo asunto a una defensa de las libertades derivadas de la gloriosa revolución, que la salada y reconfortante lectura de tus meditaciones nos llena de alegría...

Es sencillo advertir que abundan cual setas en otoño los plebeyos que, a fuerza de reivindicar la libertad de expresión como fruto del esfuerzo del laicismo, se aplican en la defensa del chocho rotweiler del Vaticano, tal como si los poderosos de este mundo necesitaran hacer valer su derecho a decir lo que les venga en gana. O a precisar que alguien se lo recordara.

De los esputos teóricos de cristícolas y bereberes, la necesidad de mentarlos sobra. Bien dices ahí, antes, que se maten entre ellos y se pudran en su seca higuera. A ver si nos dejan de una puñetera vez vivir y disfrutar en paz de nuestros sublimes cuerpos y de nuestras simples verdades, frutos de la experiencia y la razón, y no, como las suyas, entramadas redes de agónica fascinación por el imposible absoluto.

Elevé hace un momento a la página de la FIdA tu articulillo. Te agradecería infinitamente que me hicieras saber a partir de ahora el momento preciso en que renueves tu bitácora en el futuro, para así evitarme infructuosos esfuerzos y búsquedas traumáticas. Dale al contact de la FIdA, que recibiré prestamente allá tus noticias.

Ah, y por cierto: lamento mucho ser tan miope. Cosas de la edad y de la prisa. No me fijé en el enlace del anterior comentario, sobre el asunto de la Fundación Europa y la carta al tío Borrell.

Recibe mi más sincera enhorabuena y los aplausos de este libertino y noble cómplice y admirador tuyo.

Espartaco dijo...

¡Excelente artículo! Particularmente pienso lo mismo, que se maten todos ellos de una vez y nos dejen en paz y, cuando digo todos, digo todos los creyentes del mundo y de cualquier religión.
Encontré el artículo en FIDA.

Mikimoss dijo...

Desde luego yo prefiero tener al lado a un absurdo e irracional teísta que considere al hombre una cosa sagrada aunque no me lo pueda demostrar, que a un cínico y racionalista ateo que, aunque comparta mi incredulidad, sea capaz de irse a dormir tranquilo después de soltar que le gustaría que los "creyentes se matasen entre ellos y nos dejasen tranquilos".

El problema de la desacralización del mundo que ha llevao a cabo tan oportunamente la ciencia es que muchos empiezan a pensar que no hay más cera de la que arde, se pasan de rosca y niegan que un hombre tenga más valor que el adoquín de la acera. Los curas nos avisan de la peligrosidad que conlleva esto y tienen parte de razón.

Hace falta entonces una religiosidad laica que de algún sentido a eso que llamamos dignidad humana.

Cavernarius dijo...

Mikimoss:

Los teístas se llenan la boca hablando de la "sacralidad" del hombre, pero al mismo tiempo ensucian sus manos con crímenes contra esa supuestamente "sagrada" humanidad; crímenes mucho más numerosos que todos los que puedan cometer los ateos con su "cínica racionalidad" (y precisamente por esa racionalidad). De modo que, si los teístas quieren matarse entre ellos, que lo hagan.

En cuento a lo de buscar una forma de "religiosidad" para encontrar un sentido a la dignidad humana... a mí me parece una solución kantiana muy poco seria.

Fernando G. Toledo dijo...
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Fernando G. Toledo dijo...

Sin ánimo de terciar, sino simplemente de expresar una opinión, la mía, que se entronca con aristas de los bloques discordantes que aquí han chocado, quisiera comentar que, ciertamente, la del “que se maten entre ellos” me parece una expresión desafortunada. Si no me equivoco es Paul Kurtz quien respondió una vez a la pregunta de si era ateo: “Sí, pero eso es sólo el comienzo”. Como ateo e irreligioso me considero también humanista, y por aquello de que “nada humano me es ajeno”, un espectáculo de fanáticos comiéndose los miembros en nombre de un Dios (cualquiera) sería, para mí, lo más parecido al apocalipsis que imaginaría presenciar con mis ojos laicos.
Al mismo tiempo, la espiral de violencia que amenaza desbarrancarse ante cada palabra que escape a la diplomacia me parece una excelente excusa para no querer repetir errores del pasado. Y con esto me refiero a la idea de cualquier tipo de religiosidad, ya que “religiosidad laica” me parece casi un oxímoron (aunque no estrictamente uno). Ya la religión, que es de base un error, ha causado bastante daño y enajenación como para que yo esté dispuesto a abogar por ese autismo. Entiendo que el concepto de religioso es polisémico, y por eso yo prefiero rechazarlo completamente. El concepto de irreligiosidad es temido sólo por los que padecen aún la contaminación teísta, cualquiera sea su laya. El miedo a la razón íntegra es injustificado y la religiosidad es, en cierta manera, cierto desprecio a la razón. El humanismo en cambio propugna el amor a la vida en su inanidad, la apuesta por el reemplazo de la episteme dominante (a nosotros nos toca la cristiana) y la paciencia para defender la libertad de conciencia, aspiración eminentemente democrática, sin escatimar cuantas críticas sean necesarias a las múltiples manifestaciones de la fe. La ciencia no sólo nos ha ayudado a desacralizar el mundo sino a renovar nuestra curiosidad ante la implacable usina de misterios por resolver que es nuestro enorme universo. Ella, y la filosofía que no la desprecia, nos ha enseñado justamente a descartar que hemos asido al mundo todo (pensando que ya hemos quemado toda la cera). Los que dan todo por sabido son los que asumen una religión para imponerla o exaltarla. En el crepúsculo de la religiosidad, retornar a ella siquiera nominalmente es elegir la ceguera. Lo bueno que nos haya quedado pasará por el tamiz, seguramente, sin necesidad de considerarse religioso, sin sacralizar lo que nunca podrá ser sagrado, porque no hay nada divino. Es absurdo considerar esta cosmovisión “deshumanizadora”. Hemos dejado de ser humanos durante demasiado tiempo rechazando el destello de nuestra finitud. Exprimir esa finitud como a un fruto, con la modesta aspiración de dejar una semilla de la que jamás sabremos nada, ésa sí es una tarea humana. Y posible.

Darth Nietzsche dijo...

Al margen del artículo, que me parece excelente, de mis favoritos, quisiera hacer una crítica. Esta web prohibe el paso a "liberales declarados o en trámite" Bien, pues yo me considero liberal y no obstante estoy de acuerdo punto por punto en todos tus artículos. Debo seguir siguiendo y apoyando esta web, o debo ser metido sistemáticamente en el cajon de los reaccionarios?

Cavernarius dijo...

Olvidaba que tenía algunos comentarios pendientes para contestar. Voy a ello:

Barón: Gracias por tus palabras. Te avisaré por la web de la FIDA cuando haya disponible alguna actualización.

Fernando: Nos guste o no, el mercado religioso se encuentra "autorregulado" y algunas de sus tácticas de márketing incluyen la eliminación física del competidor. Esto ha sido así en el pasado y parece que algunos de los... "operadores dominantes"... se sienten ahora con fuerza para intentar hacerse con una mayor cuota de clientes a base de satisfacer los sueños eróticos de Huntington, Bush, Ahmadineyad y compañía. Pues, si quieren hacerlo, que no nos fastidien a los demás y procuren liquidarse entre ellos. Ese es el mensaje del artículo. Pero en todo lo demás que dices estoy bastante de acuerdo.

Dark Nietzsche: Eso depende de lo liberal que seas. Si para ti esa ideología consiste básicamente en dar libertad a una determinada clase social para que explote a los trabajadores y estafe a los consumidores, deberías considerarte "ralea reaccionaria" y autoexcluirte de la lectura de este blog. Pero si crees que la libertad no es eso, que el liberalismo entronca con los valores ilustrados, junto con la igualdad y la fraternidad (esas grandes olvidadas) y no puede convertirse en un mero eufemismo de lo neocón, entonces te doy mi bienvenida.

Anónimo dijo...

Por fin he encontrado un web interesante sobre La Secta de nuestros pecados. Gracias y adelante. Quisiera humildemente contribuir a mejorarla: 1)No abuseis de las negritas, colorines, subrayados, cursivas, etc, pues los lectores no somos tontos, o eso pensamos, y sabemos discernir por nosotros mismos. 2)También resulta contraproducente abusar de los insultos, porque entonces dejan de surtir su beneficioso efecto retórico: el exceso de aliño perjudica tanto a la ensalada comola sosería, si no más. 3)Hay que respetar a los cristianos que vivan su fé como enseñó el Cristo (o quien fuese): amor incondicional al prójimo, solidaridad con los pobres del mundo, no violencia, antifariseismo, antidogmatismo, anticlericalismo...porque esos cristianos son sin duda preferibles a esos ateos genocidas a lo Mao, Stalin o Pol Pot, o a esos farsantes dictadorzuelos como Castro. En cuanto al Islam, a mí me da miedo, mucho miedo, más que La Secta, que ya es decir.